¡Adiós, casa vieja!

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Más respeto que soy tu madre

Acabamos de llegar por última vez desde la casa vieja. Fue hace un rato… Entramos y vimos todo hecho un desastre. Diarios por el suelo, cajones vacíos, lamparones de polvo seco en los lugares que ocupaban los muebles, y toda la familia recordó en silencio momentos inolvidables del pasado. ¿Han visto que cuando por fin hay futuro, los malos tiempos de repente se convierten en buenos?

El Nacho me abrazó, como diciendo «¿viste vieja que podemos levantar cabeza?», y a mí se me hizo un nudo en el corazón. Y después volvimos para acá, a esta casa que tiene olor a pintura fresca y a mañana prometedor. La verdad es que tengo a mis hijos y a mi marido, que son unos esquenunes casi siempre, pero cuando las papas queman se arremangan y se convierten en héroes del Mundial ochenta y seis. «Vamos, corazones —les dije antes de salir de la casa vieja, con lágrimas en los ojos—, salgamos de acá de una vez que esto se está cayendo a pedazos». Ay, Señor Señor…, ¡qué felices que éramos cuando éramos infelices!

Hernán Casciari