Fútbol, fervor e independencia

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Este será el tercer Mundial de fútbol que me toque vivir en Barcelona, y no me acostumbro a la falta de fervor de los catalanes para con la Selección Española, a la que no sienten como propia. 

En Japón 2002, y en Alemania 2006, yo mismo escuché, incrédulo, los petardos y los gritos de alegría cuando España quedó descalificada en cuartos de final. Si se hiciera una encuesta hoy mismo, a menos de una semana del inicio del torneo en Sudáfrica, casi la mitad de los catalanes dirían que no quieren que gane España, o confesarían que no les importa si gana. Detrás de esa desidia —avalándola— hay cuestiones tradicionales, políticas, lingüísticas, territoriales e independentistas. Las entiendo a todas, pero no me cierra la falta de fervor por el fútbol: me suena a capricho. Da la impresión de que hacen fuerza para que no se les escape un grito de gol. Es como si todos los santafecinos, o todos los cordobeses, o todos los mendocinos, no hincharan para Argentina, no madrugaran para ver los partidos, no conversaran sobre el tema durante junio y julio. Lo más curioso es que esta, la catalana, no es una sociedad antifutbolística. Uno entendería que en Quebec no importara el destino de la Selección de Canadá. O que en Taiwán nadie festejara los goles de la Selección de China. A los unos les interesa el hockey, a los otros el pimpón. ¿Pero Barcelona? En esta ciudad se juega el mejor fútbol del siglo XXI, la gente habla, respira, siente y camina sobre fútbol. Hace unos días le preguntaron a Joan Laporta (el presidente del Barça) para quién iba a hinchar en el Mundial de Sudáfrica. Y el hombre no dijo «España». Se cuidó muy bien de mantener su pensamiento independentista. Dijo: «Voy a hinchar para todos los equipos donde haya jugadores del Barça». Y eso significa Argentina, Brasil, Francia, España, Suecia y México, entre otros. Eso significa que no hay pasión nacional. Para mayor curiosidad, este año la Selección Española (ganadora de la Eurocopa y con una trayectoria impecable en los últimos años, gracias en parte a jugadores catalanes) es una de las grandes favoritas para quedarse con la Copa del Mundo. Hay muchas opciones para que, por primera vez en su historia, lleguen a la final y puedan ganarla. Qué extraña será la sensación de los jugadores catalanes, si alzan el trofeo en Johannesburgo. La mitad de los atletas titulares de la Selección de España son jugadores del Barça, personajes idolatrados hasta la exasperación en el torneo local: Puyol, Xavi, Iniesta, Busquets, Pedro, Valdés. Qué extraños deberán sentirse ya estos chicos sabiendo que los suyos —sus amigos del colegio, sus vecinos del barrio, sus parientes— no están emocionándose con sus gestas deportivas, solo porque son gestas nacionales. Vivir en estas tierras extrañas, desapasionadas o apasionadas por otra cosa, en épocas mundialistas, hace que el sentimiento argentino, en comparación, se agigante. Durante un mes, cada cuatro años, nosotros somos uno. Uno solo. La semana que viene, cuando Messi empiece a reventar las redes, sepan ustedes que del otro lado del Atlántico habrá más gritos: serán los catalanes, hinchando por el diez de la celeste y blanca. 

Hernán Casciari