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Los idiomas

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Libro «Seis meses haciéndome el loco» de Hernán Casciari

Seis meses haciéndome el loco

Aquí dentro cada cual habla como le sale de las narices. En el patio, cuando estamos todos, parecemos la gente de las naciones unidas, pero borrachos. No hay diálogo, no hay comunicación. Lo que hay son idiomas. Más idiomas que gente. 

El Vizconde, por ejemplo, habla en mascó, que es un dialecto que tiene muchas palabras castellanas y muchas otras masticadas. El discurso del Vizconde es gracioso, porque la mayoría de las veces se muerde la lengua y pega gritos de dolor. 

El Niño Andoni habla en gorgojito, que es un idioma insoportable y chillón, casi tan raro como el alemán, pero con toques divertidos como el italiano. Cuando el Niño Andoni habla, parece Michael Schumacher agradeciéndole a Ferrari. 

Santiago Parrilla, el único enfermo revolucionario de todo el hospital, habla en cubano miamizado. Dice broder, dice setdóun y muchas otras cosas que le quedan muy mal, porque no tiene cara de miami sino de sancugat.

El Viejo Ignasi habla un catalán tan antiguo, pero tanto, que no lo entiende nadie, ni siquiera el doctorcito V., que es catalanista.

El Gelatinas y yo hablamos en fugaceta, que es un idioma en donde casi todo se dice al revés. Lo inventamos un día por placer, pero después descubrimos que así las enfermeras no nos entienden cuando hablamos de sus tetas, o culos, o cosas de ellas que no queremos que sepan. Por ejemplo: 

.sanitaleG ,araS odíart ah euq etocse neub éuq ariM—

.anañam atse otsiv eh ol ay ,íS—

El patio, por las tardes, es una pequeña babel en donde todos convivimos con los ruidos extraños del otro. El Vizconde en mascó, la enfermera Sara en castellano, el Niño Andoni en gorgojito, el doctorcito V. en catalán, Santiago Parrilla en cubano miamizado, el Gelatinas y yo en fugaceta. Y así puedo seguir hasta la eternidad.

El problema de los idiomas es que todos sabemos hablar alguno, pero casi nadie sabe escuchar el del otro. Por eso, casi siempre, acabamos a las trompadas en el patio y tienen que venir los guardias, que hablan con palos y con trompicones. 

Yo no sé si tenemos tantos idiomas porque estamos locos o porque nacimos en territorio español. Yo creo que la suma de las dos cosas es lo que nos tiene así de políglotas y de malheridos.

Hernán Casciari