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Mostaza y mayonesa

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Libro «Más respeto que soy tu madre» de Hernán Casciari

Más respeto que soy tu madre

Ayer, en el hospital, el médico de guardia le saca una radiografía de la cabeza al Caio y nos dice: «Este chico tiene una pequeña deficiencia mental a causa de las palizas que recibe». El Zacarías se defiende: «Disculpe doctor, esto vendría a ser como el problema de qué fue primero, si el huevo o el escroto: en realidad yo lo cago a patadas porque es idiota... Si no fuera idiota no le toco un pelo al chico, ¿qué gracia tiene pegarle a uno que no es idiota?». 

A mí me parece que en este caso mi marido tiene mucha más razón que el galeno, porque el nene ya era un pelotudo mucho antes de que el padre lo empezara a fajar. Vamos a ver si ahora, que empezó su fotoblog, se calma un poco el Caio. Ayer se lo veía muy contento contestando comments y colgando sus porquerías en internet. Aunque el Nacho todavía no lo puede ayudar mucho porque está de duelo. De todas maneras al Nachito se lo ve caidón pero un poco mejor que ayer. Anoche estuvo cenando en casa muy callado, pero con la frente alta. Fue la primera vez que se cruzaron después de la bronca de ayer, y parece que el Zacarías empieza a querer entenderlo al hijo.

El problema es que mi marido no es de hablar abiertamente de las cosas. En un momento le pasa la mayonesa al Nacho y el Nacho dice:

—No, gracias, papá, a los sánguches prefiero comérmelos con mostaza.

—¿Pero alguna vez la probaste a la mayonesa, nene? —le pregunta el Zacarías.

—Probé las dos cosas, y me gusta más la mostaza, papá.

—Pero habiendo tan buena mayonesa en Argentina —insiste mi marido—, no me entra en la cabeza que te guste la mostaza.

—Estuve cinco años comiendo sánguches con mayonesa solamente para aparentar —se sincera el Nacho—, pero ya me cansé.

Zacarías no da el brazo a torcer:

—Capaz que nunca encontraste una buena mayonesa que te moviera la estantería.

—No es una cuestión de calidad, papá —niega el Nacho—, con la mayonesa no siento nada, en cambio con mostaza soy yo mismo, y quiero sentirme orgulloso de comer mostaza.

—Yo tendría que haberte llevado de mayonesas cuando tenías doce o trece años —se lamenta el Zacarías—, como se hacía antes.

Don Américo asiente en silencio. El Nacho le pone una mano en el hombro al padre:

—No es eso, no te culpés de nada.

Zacarías pone una mano sobre la mano del Nacho y a mí casi se me caen las lágrimas. Los dos se quedan mirándose un segundo en silencio, como si recién ahora se vieran por primera vez. Don Américo, que había seguido la conversación muy serio, rompe la magia:

—Bambino, ¿e no probaste nunca mansharte lo sanguchitte con salsa golf?

—¡No sea pervertido, papá! —se asquea el Zacarías—. ¿No ve que hay criaturas en la mesa?

Hernán Casciari