Un blog puede convertirse en cualquier cosa

Nunca hay que hablar de más

2m

Se publicó en

Libro «Más respeto que soy tu madre» de Hernán Casciari

Más respeto que soy tu madre

¡Ay, qué desastre! ¿Por dónde empiezo? El Nacho me pregunta hoy al mediodía si lo puede traer a trabajar a la pizzería a su novio. «Ahora que se fue Douglas, vamos a necesitar a alguien más», me dice, sin mirarme a los ojos.

Yo le digo: 

—¡Pero Nacho! ¿Y tu padre? Tu papá se muere si se entera que sos… 

Me tendría que haber mordido la lengua antes, porque por la mitad de la frase entra el Zacarías a la cocina, con un vaso de agua vacío y en pijama. Nos quedamos los tres como secos, inmóviles, mientras las palabras empiezan a rebotar por las paredes: «…tu papá se muere si se entera que sos… si se entera que sos… que sos… sos…». Cuando la frase deja de hacer eco, vemos que mi marido se empieza a poner blanco, y después flamea, y después se pone amarillo, igual que la bandera del Vaticano. Lo mira al Nacho con odio en los ojos:

—¿Qué sos vos? —dice—. ¿Vos qué sos, Ignacio?

—Soy diferente, papá —susurra el Nacho despacito.

—¿Diferente cómo? ¿Y por qué yo no me tengo que enterar?

—Viejo, no te pongas como loco —le digo—. El nene es…

—¡¡Vos calláte!! —me interrumpe el Zacarías—. Quiero que me lo diga él.

Ignacio se sienta en una silla y se pone a llorar como un chico. Ninguno de los tres nos damos cuenta que don Américo ha entrado a la cocina.

—¡Ío tengo tutta la culpa, figlio! —le dice mi suegro a mi marido—. ¡He sido ío il culpábile! El Nachitto é de Boca Juniors, non é de Racing… ¡¡Sempre ha sido de Boca, come el suo Nonno, come ío!! —y el abuelo se tapa la cara con las manos y se pone a llorar. Todos nos quedamos mirando a Zacarías, sin respirar.

—¿¿Mi padre y mi hijo mayor?? —dice el Zacarías—. ¿Los dos? ¿¿De Boca?? Esto es la debacle de los Bertotti —dice, y se va de la cocina mudo, herido, desinflado y pegando un portazo que tiró abajo tres cacerolas.

Cuando nos quedamos solos, don Américo saca un ojo por entre los dedos y nos mira. Se recompone y le dice al nieto:

—¿Así que sos putano, bambino? —y le acaricia la cabeza comprensivo—. ¿Y tu macho te méteno la pindonga a vó, o vó se la mandá a guardare a lui, eh? Perque si la meté vo non é tan grave la enfermetá…

Hernán Casciari